La deshidratación en los niños
y en los bebés ocurre cuando existe una falta de líquidos en el cuerpo, que son
necesarios para que lleve a cabo sus funciones en un nivel óptimo. Los
bebés y los niños pequeños son los que corren el mayor riesgo de padecerla. Los
primeros síntomas que alertan sobre una posible deshidratación son los vómitos,
diarrea, sudoración, ojos hundidos, lengua y mucosas secas...
Causas de la deshidratación en niños y bebés
La deshidratación puede ocurrir en
situaciones de vómitos, diarrea, exceso de pérdidas de líquido por la orina, sudoración
profusa o fiebre, por estomatitis o faringitis. También se puede producir
deshidratación debido a una enfermedad aguda con pérdida de apetito. En los
lactantes es visible por las fontanelas, que se hunden, y la falta de
elasticidad en la piel al pellizcar un pliegue del abdomen.
Las pérdidas de hasta el 5 por ciento
del líquido corporal se consideran leves; hasta el 10 por ciento, moderadas; y
hasta el 15 por ciento, severas. La deshidratación, en casos extremos,
puede llevar al "shock" y a la muerte.
Tratamiento de niños y bebés deshidratados
Para combatir la deshidratación es
preciso reponer los líquidos con la ingesta oral de líquidos y sales
minerales, a través de sueros o preparados comerciales o limonadas caseras.
Esta última, la 'limonada alcalina' se
prepara disolviendo en 1 litro de agua el zumo de 2 limones, una cucharada de
bicarbonato de sodio y azúcar al gusto. Las soluciones de electrolitos o las
paletas de helados son muy efectivas y están disponibles en las farmacias.
No se recomienda utilizar bebidas
para deportistas debido a que éstas contienen mucho azúcar y pueden causar
o empeorar la diarrea. Igualmente, se debe evitar el uso del agua como primer
recurso de reemplazo de líquidos en bebés y niños.
Tomar líquidos generalmente es
suficiente cuando nos enfrentamos a una deshidratación leve. Es mejor
suministrar con frecuencia pequeñas cantidades de líquido, utilizando una
cuchara o una jeringa, en vez de forzar al bebé o al niño a beber
una cantidad grande de líquido de una sola vez, ya que esto puede producir más
vómito. Si el estado es grave, la reposición de líquidos será de forma
intravenosa.
Prevención de la deshidratación de niños y bebés
Incluso cuando el bebé y el niño están bien de
salud, deben consumir mucho líquido todos los días y más cuando
el clima es cálido y caluroso o está haciendo ejercicio.
Es importante vigilar cuidadosamente a
cualquier enfermo, especialmente a un bebé y a un niño, y en caso
de sospecharse un proceso de deshidratación, se debe buscar asistencia
médica antes de que la persona desarrolle una deshidratación moderada o
severa.
Asimismo, se debe iniciar el reemplazo de
líquidos tan pronto como comience a presentarse el vómito y la diarrea y
no esperar a que aparezcan los signos de deshidratación.
Siempre se debe animar a la persona a consumir
líquidos en el transcurso de una enfermedad y no olvidar que las necesidades de
líquidos son mayores cuando la persona tiene fiebre, vómitos o
diarrea.
Los signos más fáciles de vigilar son el gasto
urinario (debe haber pañales húmedos o idas al baño
frecuentes), saliva en la boca y lágrimas al llorar.
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