viernes, 13 de noviembre de 2015

Maniobras de heimlich

MANIOBRAS DE HEIMLICH EN BEBES
  Ø  BEBÉS
 Se considera bebé, por lo menos para fines de primeros auxilios, a los infantes que se les puede cargar con una sola mano, y manipular con relativa facilidad. Para la atención a éstos, es necesario estar sentados, para tener mayor seguridad en el trato. Se toma al pequeño, sosteniéndolo del pecho, bocabajo hacia nuestro frente con una sola mano sobre el largo del antebrazo. Con la mano que queda libre, específicamente con el talón de la palma (que es la parte contigua a la muñeca), se le dan cinco golpes fuertes (en proporción al desarrollos del niño) y rápidos en la espalda. Hecho esto, se voltea y con el dedo en forma de gancho se extrae el objeto extraño. Lo mejor es hacerlo en un solo intento, así se evita poner más en riesgo la vida de la criatura.

Ø  NIÑAS Y NIÑOS
 En el caso de menores, es decir: aquellos que no pueden ser sostenidos con una sola mano y que pueden permanecer de pie; el procedimiento es muy similar al que se usa con personas adultas, pero quien lo aplica debe estar sentado para poder adecuarse a la estatura del infante. Se le rodea con los brazos y se localiza el apéndice xifoides (que es el punto en donde convergen las costillas, también conocido como plexo solar; para mayor referencia es justo arriba de lo que llamamos "la boca del estómago") desde ese punto se marcan dos dedos hacia abajo; con una mano en puño y con la otra envolviéndola, se levantan un poco los brazos y se hace un movimiento violento en forma de J, con el cuidado necesario para no lesionar más al menor de los que le estamos ayudando. De ser necesario se repite el procedimiento.
 Es muy importante que una vez realizada la maniobra de Heimlich se haga uso de los servicio de emergencia, ya que las consecuencias de esta pueden ser considerables. NO se debe dejar sin atención.
















Hemorragias


Una hemorragia es la salida de sangre de los vasos sanguíneos. La persona que presta los primeros auxilios debe intentar detener la pérdida de sangre, siempre que sea posible.
La hemorragia más común es la hemorragia nasal, pero los niños también pueden sangrar por la boca o por el oído. Te enseñamos cómo debes actuar en cada caso.

  Ø  Las hemorragias nasales de los niños
El origen de las hemorragias nasales es diverso y pueden estar producidas por golpesestornudosalergias, erosiones al rascarse o como consecuencia de un aumento de la presión arterial. Siempre es importante consultar con el pediatra.

  Ø  ¿Qué debemos hacer cuando al niño le sangra la nariz?
- Conserva la calma y tranquiliza al niño.
- Pídele que se siente con la cabeza hacia delante para permitir la salida de la sangre por los orificios nasales.
- Permite que respire por la boca, mientras le presionas la parte blanda de la nariz con los dedos pulgar e índice.
- Debe permanecer con la nariz pinzada unos 10 minutos, intentando no hablar, tragar, toser, sonarse o escupir, ya que cualquiera de estas acciones retrasan la formación de un coágulo dentro de la nariz.
- Pasados estos 10 minutos, libera la presión sobre la nariz y, si la hemorragia no se ha detenido, repite la operación. Si no se detiene llama a emergencias.
- Cuando se detenga la hemorragia, limpia los alrededores de la nariz con agua. La aplicación de frío local también puede ayudar a detener la hemorragia, pero la cara es muy sensible y el frío también puede causar dolor.
  Ø  Lo que no debemos hacer
- Inclinar la cabeza hacia atrás para que no salga sangre. 
- Taponar los orificios nasales con algodón o gasas. Aunque sea una técnica habitual en los centros sanitarios, en un primer auxilio siempre nos debemos limitar a apretar las alas nasales.
- Realizar esfuerzos, como sonarse la nariz, porque no favorecen la formación del coágulo.
Ø  Las hemorragias de los niños por la boca
La sangre roja que sale por la boca suele proceder de cortes en la lengua, labios o paredes de la boca, o de pérdidas de piezas dentales, aunque también puede proceder de otras zonas del cuerpo. Generalmente, el sangrado remite en pocos minutos, pero en otras ocasiones, puede ser abundante y alarmante.

  Ø  ¿Qué debemos hacer cuando el niño sangra por la boca?
- Pide al niño que siente con la cabeza inclinada hacia delante y si la situación te lo permite, coloca una gasa sobre la herida y comprime o presiona la zona durante 10 minutos seguidos.
- Si la hemorragia se debe a la extracción o pérdida dental, tapone con una gasa el espacio en la encía y pídele al niño que lo muerda. Si la hemorragia continúa, añade otra gasa a la que está empapada y que el niño continúe haciendo presión.
- Si persiste el sangrado, llama a emergencias.
Lo que no debemos hacer
- Realizar enjuagues bucales en sangrados activos.
- Tomar líquidos o comida caliente hasta pasadas unas horas.
- Rozarse con la lengua aunque el sangrado se haya detenido.
- Aplicar antisépticos bucales sin prescripción médica.

Ø  La hemorragia de los niños por el oído
Pueden producirse por la erosión de un cuerpo extraño, por un traumatismo en un pabellón auditivo, por una rotura del tímpano tras una explosión, por ejemplo, o debido a una infección en el oído.
En general, carecen de gravedad, excepto cuando son consecuencia de un traumatismo craneal. Cuando la pérdida de sangre es abundante y previamente ha existido un traumatismo en la cabeza, el origen de la hemorragia puede deberse a una fractura en el cráneo, una situación muy grave.
¿Qué debemos hacer cuando observamos sangrado por el oído?
- Llama a emergencias.
- Si sospechas que la hemorragia es consecuencia de un traumatismo craneal, evita que el niño mueva la cabeza.
- Si no se debe a un trauma craneal, el niño también puede sentirse mareado o notar pitidos. Ayuda al niño a reclinarse, apoyando la cabeza sobre el lado que sangra para facilitar la salida de la sangre, mientras sujetas con suavidad un apósito que absorba la sangre.
- En caso de cuerpo extraño, no trates de sacarlo. Acude a Urgencias.

Deshidratacion


La deshidratación en los niños y en los bebés ocurre cuando existe una falta de líquidos en el cuerpo, que son necesarios para que lleve a cabo sus funciones en un nivel óptimo. Los bebés y los niños pequeños son los que corren el mayor riesgo de padecerla. Los primeros síntomas que alertan sobre una posible deshidratación son los vómitos, diarrea, sudoración, ojos hundidos, lengua y mucosas secas... 

Causas de la deshidratación en niños y bebés
La deshidratación puede ocurrir en situaciones de vómitos, diarrea, exceso de pérdidas de líquido por la orina, sudoración profusa o fiebre, por estomatitis o faringitis. También se puede producir deshidratación debido a una enfermedad aguda con pérdida de apetito. En los lactantes es visible por las fontanelas, que se hunden, y la falta de elasticidad en la piel al pellizcar un pliegue del abdomen.
Las pérdidas de hasta el 5 por ciento del líquido corporal se consideran leves; hasta el 10 por ciento, moderadas; y hasta el 15 por ciento, severas. La deshidratación, en casos extremos, puede llevar al "shock" y a la muerte.
Tratamiento de niños y bebés deshidratados
Para combatir la deshidratación es preciso reponer los líquidos con la ingesta oral de líquidos y sales minerales, a través de sueros o preparados comerciales o limonadas caseras.
Esta última, la 'limonada alcalina' se prepara disolviendo en 1 litro de agua el zumo de 2 limones, una cucharada de bicarbonato de sodio y azúcar al gusto. Las soluciones de electrolitos o las paletas de helados son muy efectivas y están disponibles en las farmacias.
No se recomienda utilizar bebidas para deportistas debido a que éstas contienen mucho azúcar y pueden causar o empeorar la diarrea. Igualmente, se debe evitar el uso del agua como primer recurso de reemplazo de líquidos en bebés y niños.
Tomar líquidos generalmente es suficiente cuando nos enfrentamos a una deshidratación leve. Es mejor suministrar con frecuencia pequeñas cantidades de líquido, utilizando una cuchara o una jeringa, en vez de forzar al bebé o al niño a beber una cantidad grande de líquido de una sola vez, ya que esto puede producir más vómito. Si el estado es grave, la reposición de líquidos será de forma intravenosa.
Prevención de la deshidratación de niños y bebés
Incluso cuando el bebé y el niño están bien de salud, deben consumir mucho líquido todos los días y más cuando el clima es cálido y caluroso o está haciendo ejercicio.
Es importante vigilar cuidadosamente a cualquier enfermo, especialmente a un bebé y a un niño, y en caso de sospecharse un proceso de deshidratación, se debe buscar asistencia médica antes de que la persona desarrolle una deshidratación moderada o severa.
Asimismo, se debe iniciar el reemplazo de líquidos tan pronto como comience a presentarse el vómito y la diarrea y no esperar a que aparezcan los signos de deshidratación.
Siempre se debe animar a la persona a consumir líquidos en el transcurso de una enfermedad y no olvidar que las necesidades de líquidos son mayores cuando la persona tiene fiebre, vómitos o diarrea.
Los signos más fáciles de vigilar son el gasto urinario (debe haber pañales húmedos o idas al baño frecuentes), saliva en la boca y lágrimas al llorar.

Fiebre



La fiebre es un aumento de la temperatura corporal que sirve para que nuestro organismo luche contra las infecciones. Cuando nuestro cuerpo activa sus defensas contra los gérmenes sube la temperatura corporal, por tanto, la fiebre no es nuestro enemigo, sino nuestro aliado, y lo importante no es reducirla, sino averiguar por qué se produce. 
Para determinar cuál es la causa que produce la fiebre es imprescindible observar los síntomas que presenta el niño. Generalmente, la fiebre aparece en los niños por dolencias leves como infecciones de las vías respiratorias (resfriados, gripe, faringitis), del aparato digestivo (gastroenteritisdeshidratación)... 

Ø  La temperatura de la fiebre y sus diferencias en los niños
La fiebre se detecta mediante un termómetro de mercurio que se coloca bien en la axila o en el recto. Actualmente, también existen termómetros digitales que toman la temperatura al niño en la axila o en la frente. En cualquier caso, debemos tener en cuenta que el niño está febril cuando la temperatura en la axila supera los 37,5 ºC o los 38 ºC en el recto. Hasta los 39 ºC la fiebre se considera moderada y a partir de los 39 ºC hablamos de fiebre alta.
Cuando la temperatura es superior a 40 ºC o se produce un cambio brusco de la temperatura corporal en el niño, puede sufrir convulsiones. Por otra parte, la baja temperatura no tiene importancia salvo en los recién nacidos.
Ø  La fiebre de menos de 38 ºC en niños y bebés
No es recomendable bajar la fiebre cuando no sobrepasa los 38 ºC, ya que supone una defensa corporal para el niño que el ayuda a combatir la infección. Si el niño se encuentra bien, a pesar de la fiebre, no debemos usar medicamentos antitérmicos. En el caso de que se encuentre mal, se puede usar paracetamol y cuando estemos en casa conviene ofrecerle con frecuencia líquidos (agua, caldo o bebidas azucaradas) y quitarle la ropa de abrigo.
Ø  La fiebre por encima de 38 ºC en niños y bebés
No hay que alarmarse porque hasta los 39 ºC se considera moderada. En este caso, conviene administrar al niño la dosis adecuada de paracetamol o ibuprofeno, continuar con la administración de líquidos y bañar al niño llenando con agua templada un tercio de la bañera. El baño debe durar unos 30 minutos, mientras le mojamos con una esponja suave empapada en agua, hasta comprobar que la temperatura sea inferior a 38,9 ºC.
Ø  ¿Cuándo es necesario bajar la fiebre de los niños?
Es obligatorio bajar la fiebre cuando supere los 40 ºC en los niños y los 39 o 39,5 ºC  en los lactantes. Cuando la temperatura supera los 41 ºC o los 40 ºC en menores de 3 meses, es urgente reducir la temperatura. Y además, en general, se deben usar medicamentos antitérmicos cuando el niño presente además de fiebre, cefalea acusada (dolor de cabeza), dolor en las articulaciones o molestias fuertes. 
Para bajar la fiebre alta resulta efectivo poner compresas de agua a temperatura ambiente, nunca heladas, sobre la frente o el cuerpo del niño, bañar al niño en agua templada y desabrigarlo.
Ø  ¿Llevamos al niño al pediatra o a Urgencias?
Cuando el niño presenta fiebre alta siempre es preciso llevarle al pediatra, pero debemos acudir a Urgencias cuando veamos que el niño respira con dificultad, ha tenido convulsiones, está muy decaído, adormilado o irritable, o presenta manchas en la piel. 

Fracturas


A los niños les encanta correr, saltar, brincar y dar tumbos, por tanto los accidentes en la infancia son algo frecuente. Una mano mal apoyada, una caída o un golpe pueden dar lugar a una fractura de huesos.
Casi la mitad de los niños, nada menos que un 42 por ciento, tiene posibilidad de sufrir una fractura de hueso a lo largo del periodo de crecimiento. En la niñas, tal vez porque participan en juegos menos activos, la probabilidad es algo menor, del 27 por ciento.
Las fracturas de huesos en los niños son episodios bastante habituales, aunque normalmente se resuelven en poco tiempo y sin dejar secuelas. La fractura más frecuente en la infancia se produce en los huesos del antebrazo (radio o cúbito) y en el codo, y aproximadamente tres de cada cuatro fracturas de antebrazo en los niños involucran el extremo del radio que corresponde a la muñeca.
Al ser los huesos de los niños diferentes a los de los adultos (son mas elásticos, más porosos), las fracturas también son diferentes, y por tanto el tratamiento suele ser más sencillo debido a la alta capacidad de regeneración y remodelación del esqueleto en crecimiento.
Ø  CLASIFICACIÓN DE LAS FRACTURAS DE HUESOS EN LOS NIÑOS
Tienen patrones muy característicos y bien diferenciados de los adultos. Dependiendo de sus características, las fracturas en los niños se clasifican en:
·         Fractura de Torus (del latín cordón). También se conoce como “fractura de toro”, “fractura en rodete” o “caña de bambú”: La capa superior del hueso es comprimida, causando que el otro lado se doble hacia afuera del cartílago de crecimiento. Es una fractura estable y no hay desplazamiento de los huesos.
·         Fractura en tallo verde: recibe ese nombre porque el trazo de la fractura es similar al producido cuando se intenta romper un tallo verde. No se quiebra completamente sino que se produce una inflexión del hueso desde sus extremos.
·         Fractura del cartílago de crecimiento: se produce en las placas epifisarias, placas compuestas cartílago cerca de los extremos de los huesos, y puede tener repercusión en el crecimiento de ese hueso.
·         Fractura metafisaria: la fractura cruza la porción superior o inferior del cuerpo del hueso y no afecta al cartílago de crecimiento.
Ø  FRACTURAS MÁS FRECUENTES EN LOS NIÑOS
·         Fractura de antebrazo y codo: son las más frecuentes en la infancia por caídas sobre la mano.
·         Fractura de tobillo y tibia: puede presentarse al torcerse o doblarse el pie hacia arriba. Frecuentemente ocurren como consecuencia de una caída, un golpe, un accidente o la práctica de algún deporte.
·         Fractura de húmero: puede producirse en recién nacidos por un parto dificultoso. También la pueden presentar niños mayores por un golpe muy fuerte.

·         Fractura de clavícula: puede producirse durante el parto, especialmente en niños de gran tamaño o partos difíciles. Se resuelven sin secuelas. También se puede dar en los niños mayores por un golpe fuerte en el hombro.
Ø  TRATAMIENTO DE LAS FRACTURAS EN LOS NIÑOS
Las fracturas en los huesos de un niño comienzan a soldar mucho más rápido que los huesos de un adulto. Por tanto, si se sospecha que el niño puede haber sufrido una fractura porque hay dolor o hinchazón, es importante que reciba atención médica de forma inmediata. Así los huesos se podrán fijar para que empiecen a soldar adecuadamente.
Cuando hay sospecha de fractura se debe inmovilizar la extremidad del niño hasta llegar al centro de asistencia.
Cada fractura tiene su tratamiento específico, dependiendo además de la edad del niño, pero en términos globales, el objetivo es conseguir la consolidación del hueso de forma rápida y efectiva, evitar los desplazamientos y evitar la aparición de complicaciones.
Las fracturas leves sólo requieren de una férula o yeso durante 3 o 4 semanas hasta que suelden.
Las fracturas más severas pueden requerir que el médico tenga que manipular los huesos para alinearlos debidamente y pueden necesitar inmovilización durante más tiempo.
La cirugía en caso de fractura en los niños está indicada cuando hay desplazamientos, cuando los huesos no pueden alinearse de forma manual, cuando los huesos se han fracturado pasando a través de la piel o cuando han comenzado a soldarse en una posición incorrecta.

Raspones



Ante pequeños cortes, raspaduras o arañazos debes transmitir al niño tranquilidad, decirle que no pasa nada. Si el incidente ocurre en casa o cerca de ella, tendrás tu botiquín a mano, pero si sucede en la calle, aunque los principios son similares, es conveniente que actúes del siguiente modo.
Lo primero que debes hacer es observar si el sitio en el que ha tenido lugar el incidente que ha generado la herida es susceptible de causar otros problemas añadidos (mira si hay arena sucia, astillas, presencia de óxido, de cristales, etc.). Y después...
·         Lo adecuado es lavar la herida con agua al chorro y jabón, pero al no estar en casa, tendrás que buscar una fuente o conseguir una botella de agua o suero fisiológico. Lava a conciencia para eliminar restos de gravilla o suciedad, pero no arrastres nada por la lesión.
·         Si es posible, debes levantar la zona herida por encima de la altura del corazón de tu hijo; de esta manera se reduce el sangrado.
·         Si la herida sangra, tápala con un paño o con lo que tengas a mano (pañuelos de papel, foulard, etc.) y presiona para ayudar a taponar la sangre.
·         ¡Atención! Si sospechas que puede haber algún cristal dentro, NO aprietes la herida, mantenla en alto con el pañuelo y lleva al niño al médico más próximo. Si continúa sangrando y la sangre traspasa el paño, no lo levantes para ver cómo va, ya que puedes despegar el coágulo que se está formando. Pon más pañuelos encima, sigue presionando y acércate al médico por si tu hijo precisa algún punto.

·         Si la herida ha sido por punción, no te fíes del tamaño externo, porque la lesión puede haber llegado a zonas profundas. Actúa de la misma forma: lávala bien, tápala y ve al médico. Si el niño tiene más de 18 meses y ha completado su pauta de vacunación estará protegido contra el tétanos. Si está cerca de cumplir los 4 años (última dosis de la infancia, la siguiente será a los 14 años), es posible que le adelanten la vacuna.

·         Si el sangrado es por la nariz, no le pongas la cabeza hacia atrás, porque tragará sangre y es posible que vomite, que aspire el vómito o que los esfuerzos aumenten el sangrado. Mantén su cabeza recta, presiona las aletas de la nariz con tus dedos y un pañuelo y controla el tiempo.
·         A los cinco minutos deja de presionar. Si la hemorragia no ha parado y os ha dado tiempo a llegar a casa, coloca una gasa empapada en agua oxigenada dentro del orificio sangrante, dejando una punta para tirar de ella. Si en cinco minutos más no se detiene, llévalo al médico.
·         En cualquier herida, al volver a casa aplica un antiséptico y déjala al aire, salvo que esté expuesta a roces. En ese caso cúbrela con una venda (o ponle una tirita), que destaparás a las ocho horas para ver su evolución.

Mordidas



Los comportamientos de morder en niños pequeños son motivo de preocupación para padres y cuidadores de niños. Aunque poca investigación empírica se enfoca específicamente en este tema, una variedad de recursos prácticos ofrece algunos consejos a padres y proveedores de cuidado. Este informe discute (1) por qué muerden los niños pequeños, (2) qué tan comunes son los problemas de morder, (3) las maneras de intervenir que podrían considerarse, y (4) cómo pueden relacionarse los maestros o cuidadores con los padres e incluir a ellos con el tratamiento de los comportamientos de morder.

  Ø  ¿Por qué muerden los niños pequeños?
La literatura sugiere que la fase de morder puede ser una del desarrollo normal para bebés y niños de hasta dos años de edad, sin casi ninguna importancia duradera en el desarrollo. Una vez que cumple un niño los 3 años, sin embargo, el morder podría indicar otros problemas de comportamiento, especialmente si son frecuentes los incidentes de morder. Ya que la mayoría de incidentes de morder se debe a la etapa del desarrollo del niño, los peritos recalcan que el morder no es motivo de echarle la culpa al niño, a los padres o a los maestros 

  Ø  Los bebés
Para los bebés, el morder probablemente constituye una forma de exploración-los bebés usan la boca para explorar porque es una de las partes más desarrolladas de su cuerpo. Cuando los bebés muerden, también podría ser una forma primitiva de comunicarse; probablemente el bebé no se da cuenta del lazo entre el morder y el dolor ajeno. Los bebés también actúan por impulso y carecen de autodominio; algunos bebés tal vez muerdan simplemente porque hay algo allí que pueden morder; otros muerden cuanto están emocionados o reciben demasiado estímulo (por ej., la música estimula al bebé, quien entonces muerde a alguien porque está tan alegre y emocionado). De ahí que la literatura concluya que los bebés muerden porque quieren oler y tocar objetos, experimentar con la causa y el efecto, o aliviarse el dolor de dentición, se sugiere ofrecer a los bebés que pasan por la dentición los juguetes de masticar, roscas de pan congeladas y otros objetos seguros.


  Ø  Niños de uno a tres años de edad
En el caso de los bebés, el morder en los niños entre los 12 y los 36 meses de edad representa una forma de comunicación (por ej., para comunicar la frustración mientras aprenden habilidades sociales, lingüísticas y de autodominio). Los niños de esta edad raramente hacen planes de antemano, sino que más bien perciben y actúan basado en lo que experimentan al momento. Los niños de hasta tres años de edad,  no disponen del lenguaje necesario para controlar una situación, o sus intentos de comunicarse no se entienden o no se respetan. El morder llega a ser un modo poderoso de comunicarse con y controlar a otros y el ambiente. El morder demuestra la autonomía y es una manera rápida de obtener un juguete o llamar la atención. Muchos niños de esta edad demuestran gamas extremas de emociones, tanto alegres como tristes, y les hacen falta las maneras de clasificar y comunicar estas emociones. Demasiados desafíos (de actividades demasiado difíciles), exigencias, deseos y obstáculos pueden enojar y frustrar a estos niños y tal vez resulten en que muerden. Muchos niños de esta edad todavía no entienden cómo compartir las cosas o que el contacto físico puede causar dolor, y necesitan aprender otras maneras de comunicarse aparte de morder.
Los cuidadores de niños han señalado que los niños de hasta tres años de edad quizás muerden también cuando experimentan un evento que les causa estrés, una falta de rutina que les agita particularmente, o interacción inadecuada con adultos. los niños de esta edad tal vez son más propensos a morder si hace más de 5 minutos que no interactúan con adultos. Otros niños tal vez muerden como estrategia de auto-defensa, o tal vez simplemente imitan a otros niños que muerden.

  Ø  Niños de edad preescolar

Si de ocurrencia infrecuente o rara, los niños de edad preescolar tal vez muerden por algunos de los mismos motivos que tienen los bebés y niños de hasta tres años de edad-para controlar una situación, para llamar la atención, como estrategia de auto-defensa, o por extrema frustración o enojo. No obstante, el que un niño muerde frecuentemente después de cumplir los 3 años podría indicar otros problemas de comportamiento, ya que para esa edad muchos niños tienen las habilidades de comunicación necesarias para expresar sus necesidades sin morder. El morder también puede ser ocasionado por una disfunción de integración sensoria en una cantidad menor de niños pequeños. Ella sugiere que un examen del desarrollo para niños de edad preescolar tal vez sea útil para identificar a los niños con disfunción táctil. (Estos niños pueden responder negativamente a sensaciones de toque, poniéndose ansiosos, hostiles o agresivos. Pueden responder de manera exagerada o insuficiente al toque, o reaccionar negativamente cuando otros están cerca. Los toques ligeros desde atrás les podrían ser particularmente agitantes, resultando, en algunas situaciones, en que muerden.)